Horrores ocultos: rabbits en laboratorios, un silencio desgarrador
Mallory Cormier, una ex-técnica veterinaria, ha revelado una verdad escalofriante sobre los experimentos con animales en un laboratorio biopharmaceutical. La historia, que comenzó con la esperanza de una vida digna, se convirtió en una pesadilla de sufrimiento y muerte sistemática.

Un compromiso doloroso: ¿progreso o crueldad?
Inicialmente atraída por la promesa de crecimiento profesional y independencia financiera, Cormier se adentró en el mundo de las pruebas con conejos. Sin embargo, la realidad superó con creces sus expectativas. Pronto descubrió que su labor implicaba la eutanasia rutinaria de animales jóvenes y sanos – una práctica que la dejó profundamente traumatizada.
Las justificaciones de los directivos del laboratorio, que hablaban de ‘el bien de la humanidad’, eran una máscara para ocultar la brutalidad de sus métodos. Los conejos, genéticamente modificados para producir una proteínacrucial para el desarrollo de un fármaco contra la hemofilia, eran sometidos a inseminación artificial y, tras dar a luz, eran separados de sus crías para la extracción de leche. A las madres, después de esta tarea, se les permitía brevemente cuidar a sus bebés, solo para ser retiradas nuevamente, dejando a los pequeños, cada vez más delgados, a su suerte.
La descripción de Cormier es desgarradora: “Los bebés… están dando saltos, son adorables. Es desgarrador. Llevas estos animales al mundo para sacarlos tres semanas después. Una y otra vez y otra vez.” El testimonio de la ex-técnica revela un dolor indescriptible, una lucha constante contra la “fatiga de compasión” que la consumía.
A pesar de su creciente angustia, Cormier intentó alzar la voz, pero su denuncia fue recompensada con una promoción – sin, sin embargo, la autoridad necesaria para cambiar las condiciones inhumanas del laboratorio. Tras dos años de sufrimiento, buscó refugio en un laboratorio patológico, pero las cicatrices emocionales persistieron, conduciéndola a fundar ‘Save the Buns’, una organización dedicada a rescatar conejos de los laboratorios.
Desde entonces, Cormier ha dedicado su vida a brindar un hogar seguro y amoroso a los conejos abandonados, construyendo un “Bun Barn” con todas las comodidades para facilitar su adaptación. Su labor, impulsada por la memoria de aquellos que no tuvieron la misma suerte, es un testimonio de resistencia y esperanza en medio de la crueldad.
Con 21 conejos rescatados hasta la fecha, Cormier continúa su incansable labor, enfrentando la inmensa dificultad de cubrir la demanda de rescates. Con una cifra alarmante de 111,000 conejos aún encerrados en laboratorios por todo Estados Unidos, la necesidad de alternativas a las pruebas con animales es más apremiante que nunca.
La historia de Cormier no es solo un relato individual de sufrimiento; es un grito de alerta sobre la necesidad urgente de reevaluar nuestras prioridades éticas y buscar soluciones innovadoras que protejan la vida y el bienestar de todos los seres sintientes. La lucha por el futuro de estos animales, silenciosos y vulnerables, continúa.
